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01/08/2018 | 11:07
Alivio para Macron tras una jugada política de la oposición
El gobierno francés salió ayer indemne de las dos mociones de censura presentadas por la oposición de izquierda y de derecha por su responsabilidad en el affaire Benalla, un colaborador del presidente Emmanuel Macron que protagonizó hechos de violencia y usurpación de insignias policiales en la manifestación del 1º de mayo en París.











Como era previsible, ambas mociones fueron rechazadas gracias a la amplia mayoría de diputados con que cuenta La República en Marcha (LRM), del jefe de Estado. Un resultado que parece convenir a todos: al Ejecutivo, que necesita un poco de aire después de la tormenta provocada por ese escándalo que no deja de traer cada día un nuevo elemento a cargo. Y a la oposición, que quería evitar que una eventual exasperación de la opinión pública se le volviese en contra.

"Este asunto es un auténtico burdel, complicado para comprender, en el cual nadie entiende nada. De modo que había que salir. La moción permite a la Cámara poner un punto final, dejando al mismo tiempo marcas en la opinión pública", reconoció el diputado del partido conservador Los Republicanos (LR) Pierre-Henri Dumont.

Pero antes del receso veraniego, que comienza hoy, la oposición sometió al primer ministro Edouard Philippe a una difícil sesión de preguntas en el hemiciclo. "Su gobierno falló por debilidad, por cobardía, dejando a Benalla instalar su poder", lo fustigó el diputado Christian Jacob, líder del grupo LR. "A partir de ahora, la credibilidad de la palabra presidencial quedará duraderamente maculada", sostuvo por su parte André Chassaigne, su homólogo comunista, defendiendo el texto de censura de los partidos de izquierda, por primera vez unidos en la Asamblea.

Coincidencia
La anormal coincidencia entre derecha e izquierda fue denunciada por la mayoría presidencial como una "alianza de circunstancia".

"En la derecha, intentan convertir el error de un hombre en escándalo de Estado. En la izquierda se unieron todos aquellos que no están de acuerdo nunca sobre nada, los adeptos de la demolición automática", dijo Richard Ferrand, jefe de la bancada de LRM.

Poco antes, Philippe había puesto a ambas oposiciones en el mismo saco: "La república ejemplar no es una república infalible. ¿Quién puede aquí creerse al abrigo de una falta cometida por los suyos?", se defendió. En cierto modo, el primer ministro tiene razón. Desde que Macron llegó al Elíseo, gracias a su mayoría parlamentaria, a su estilo personal y a la velocidad que imprimió a sus proyectos de reforma, el presidente consiguió enmudecer a la oposición al punto de hacerla inaudible. El affaire Benalla fue la divina ocasión de asestar un golpe mortal a la imagen de excelencia declamada por el jefe de Estado.

En ese sentido, tanto izquierda como derecha pueden darse por satisfechos. Las comisiones de investigación consiguieron demoler ante los franceses la imagen de "república ejemplar", bandera de combate del joven presidente.

Los errores de estrategia de Macron también ayudaron. Recluido en un mutismo jupiteriano durante diez días, Macron demolió con sus propias manos ese "nuevo mundo", totalmente transparente que proclamó cuando lanzó su campaña presidencial.

La persistente ambigüedad sobre las funciones ocupadas por ese responsable de seguridad del jefe de Estado, las tergiversaciones sobre la suspensión de su salario, su supuesta retrogradación y los sorprendentes beneficios de que gozaba con apenas 26 años se parecen curiosamente a las prácticas que regían en el "viejo mundo".

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